Material y contacto alimentario
De qué está hecho cada artículo, hasta qué temperatura está previsto y qué se puede afirmar con honestidad sobre su reciclaje. Sin sellos ni promesas ambientales.
Un comprador profesional que compara proveedores mira tres cosas del envase antes que ninguna otra: de qué está hecho, hasta dónde aguanta y qué puede contarle honestamente a su propio cliente sobre el final de la pieza. Esta página contesta a las tres con lo que figura en las fichas del catálogo, sin atribuir al producto virtudes que no le corresponden y sin invocar sellos que nadie ha comprobado.
Cartón, gramaje y la capa interior
El cuerpo es cartón previsto para uso alimentario y su espesor se expresa en gramos por metro cuadrado. En la lista conviven cinco valores: 210 g/m² en los formatos cortos y en la caja de palomitas de 4 oz; 229 g/m² para el vaso de 7 oz y su caja homónima de palomitas; 232 g/m² en el de 12 oz y en el envase de sopa de igual capacidad; 250 g/m² en el de 9 oz, y 310 g/m² para los vasos de 8 y 14 oz y para el recipiente de sopa de 14 onzas.
Ese número no es un adorno de ficha técnica: manda en la rigidez, decide si la pared cede al apretarla con la mano y suma kilos al embarque. Por dentro, la cara que toca la bebida lleva una película muy fina de polietileno extendida sobre la bobina antes del troquelado. Sin ella la fibra chupa el líquido en pocos minutos; con ella, la pared resiste el servicio y la costura vertical puede cerrarse con calor en lugar de con adhesivo.
Una capa, dos capas y el terreno del PET
La versión de pared sencilla resuelve la mayor parte del consumo: pesa menos, ocupa menos estantería y basta para la barra y para el trayecto corto, con manga si el establecimiento la usa. La de doble capa, presente en 4, 7 y 8 oz y también en 14 y 16, monta una envolvente adicional que permite agarrar la bebida recién servida sin accesorio; como las cotas exteriores no varían respecto a su equivalente sencilla, el cierre elegido sigue sirviendo igual.
El PET juega en otro terreno. Es plástico rígido, transparente y previsto solo para líquido frío; el calor lo deforma, así que no releva al cartón en la carta caliente. Ninguna de las dos gamas entra en el microondas ni en el lavavajillas, y no por una carencia del producto: son envases de un solo uso, pensados para servir y retirarse, no para recalentar una ración ni para lavarse y volver al armario. Conviene decírselo así al personal de sala, que es quien improvisa cuando nadie lo aclara.
Reciclable, biodegradable y lo que se puede afirmar
Es la duda que más llega y merece una respuesta exacta. Un vaso de fibra con revestimiento interior es un material compuesto: cartón por fuera, plástico por dentro. Donde hay una instalación capaz de separar ambas capas, la fibra se recupera y vuelve al circuito; donde no la hay, la pieza termina en la fracción de resto. La respuesta depende entonces del sistema de recogida del municipio o del país de destino, y no del artículo en sí, de modo que un mismo vaso admite dos respuestas distintas según dónde se tire.
Biodegradable no lo es, y aquí no se vende como tal. Justamente el revestimiento que mantiene el líquido dentro es el que retrasa la descomposición del cartón, y llamar compostable a esta pieza sería inexacto. Con los certificados aplicamos el mismo criterio: no publicamos ningún sello. Se utiliza materia prima apta para uso alimentario y los papeles que corresponden a ese material y a ese lote se entregan durante la fase de oferta, para que su responsable de calidad los examine antes de comprometer una compra.
Cómo se acredita todo esto en un pedido
Cada consulta se contesta con la especificación tal y como se va a producir: material, gramaje cuando está declarado, recubrimiento interior, cotas y datos de embalaje. A partir de ahí, los documentos técnicos y sanitarios del artículo se comparten dentro de la propuesta, antes de que usted apruebe nada y antes de que se reserve material. No adelantamos por escrito ni un dato que no podamos respaldar con papel detrás, aunque eso deje alguna casilla sin rellenar hasta la siguiente respuesta.
Si su cadena de suministro pide una comprobación previa, existe una vía más: los compradores que quieren ver con sus ojos cómo se conforma y se sella la pieza pueden concertar una cita en Estambul antes de dar por bueno un formato que no conocen. Y si lo que busca es comparar dos materiales para una misma ración, escríbanos indicando la bebida, la temperatura a la que se sirve y el volumen anual que estima; la propuesta llegará con la opción de fibra y la transparente puestas una junto a la otra.